La carrera de la hipocresía


Ayer entré despistado por el Parque grande y sorprendentemente vi varias carpas y escenarios en el puente de entrada sobre el Huerva. Incluso creo que habia un parque infantil. Varios montadores se afanaban en acabar de montar altavoces y alfombras. Parece que sólo quedaba hacer los retoques finales.

Se trata de la parafernalia necesaria para celebrar la carrera proniño, "ONG" desgravadora de Telefonica que patrocina al Real Zaragoza, club que ayer daba su imagen al evento según atestiguaban varios carteles con jugadores del equipo "Sacando la tarjeta roja al trabajo infantil" (Qué original)

No puedo dejar de percibir la evidente hipocresía del asunto: Das tu imagen como adalid de la lucha contra el trabajo infantil mientras llevas camisetas de la marca ADIDAS, que tiene toda su producción textil en los paises más baratos de Asia, incluso siendo acusada de explotación infantil en numerosas ocasiones (2) en las que no entra un periodista ni de milagro. ¿Sería imposible ver a un niño coser camisetas del Real zaragoza siendo su patrocinador una ONGque lucha contra el trabajo infantil? A mi ni me extrañaría. Pero me gustaría ver la foto: Se armaría un revuelo y luego nos olvidariamos. Las compañias pagarian lo que fuese para acabar representandas como lascampeonas contra la explotación laboral.



En fin, me imagino que mañana miles de zaragozanos correran unos kilometros pensando que con los 8 euros de su inscripción van a ayudar a acabar con el trabajo infantil en sudamerica, el Real Zaragoza lavará su imagen colaborando con un acto tan noble, aunque seguira cobrando por el patrocinio de Proniño, Proniño seguirá ahorrandole millones de euros a Telefonica en desgravaciones fiscales, los niños de America dejarán de trabajar y los de Asia habrán cobrado horas extras para acabar las camisetas conmemorativas del acto. ¡Todos salimos ganando!

Dinero Imaginario. Por Juan Manuel de Prada

La verdad es que no me suele gustar mucho lo que escribe Juan Manuel de Prada en su página de la revista SemanalXL, pero en esta ocasión explica clarisimamente la evolución del dinero (o más bien de la idea de "dinero")



A nadie se le escapa que el dinero es, desde sus mismos orígenes, una convención humana.

Hubo alguien, allá en la noche remota de los tiempos, que decidió atribuir a determinados metales (preciosos los llamamos, aunque su precio se lo otorga nuestra imaginación) un valor para el comercio: eligió el oro y la plata, como podría haber elegido los cantos rodados de las playas; o dicho con mayor precisión, eligió el oro y la plata en lugar de los cantos rodados de las playas porque estos últimos eran demasiado fáciles de conseguir y habrían provocado una «hinchazón» de riqueza imposible de soportar.

La disponibilidad escasa de los metales preciosos garantizaba que la riqueza no se desmandara; y, sobre todo, que circulara bajo el control de quienes tenían capacidad para extraerlos de las entrañas de la tierra, que acabaron siendo los reyes, o aquellos a quienes los reyes concedían licencia para hacerlo. Hubo un momento de la historia en que el «dinero real» (que, sin embargo, era una convención humana) se convirtió en «dinero fiduciario». Las monedas de oro o plata fueron sustituidas por certificados (billetes o pagarés) que aseguraban la existencia de un depósito suficiente de oro o plata que el tenedor podría hacer efectivo, presentando tal certificado en la entidad emisora de la moneda.

Era, pues, un dinero más «irreal» todavía que el «dinero real», pues además de aceptar una convención humana aceptaba que los compromisos asumidos por los humanos merecen «fiducia», confianza. Pero seguía siendo todavía un dinero fundado, ya que no en la realidad natural (pues la naturaleza no ha determinado que el oro y la plata tengan más valor que los cantos rodados de las playas), en una realidad convenida: el certificado todavía representaba un derecho exigible por su dueño, a cargo de quien lo emitía.

Este «dinero fiduciario» fue poco a poco siendo sustituido por lo que, no sin ironía, denominamos «dinero fíat» («hágase», en latín), que ya no promete a su portador entrega de oro o plata alguna, que ya no se apoya en realidad convenida alguna, sino que es producto de un acto discrecional del gobernante, que «crea» por decreto un dinero que carece de respaldo. Durante algún tiempo, este «dinero fíat» «los billetes y monedas que todavía hoy manejamos en nuestras transacciones» llegó a representar, siquiera en parte, un valor convencional que se podía hacer efectivo, puesto que el emisor disponía de reservas de oro y plata suficientes. Pero, a medida que el uso del «dinero fíat» se fue generalizando, dejó de tener equivalencia real alguna. Hoy, las reservas de oro y plata que obran en manos de los bancos emisores son meramente simbólicas; y el valor que poseen los billetes y monedas que intercambiamos es tan sólo nominal, ni siquiera fundado en la confianza, sino más bien en un engaño que todos admitimos (por miedo o avaricia), en nuestra dependencia «¿esclavitud?» del gobernante que lo ha «creado» por decreto.

Aceptamos que esos billetes poseen el valor que en ellos se especifica como los súbditos crédulos de la fábula aceptaban que su rey iba vestido, cuando se paseaba en porreta por las calles de la ciudad. Pero aún la imaginación humana ideó otra forma de dinero aún más separada de la realidad; un dinero que propiamente no puede ser designado «convención», puesto que no existe sino como ficción incorpórea, representada mediante cifras que se pasean como fantasmas por las terminales informáticas.

Este «dinero imaginario» empezó siendo una traducción en dígitos del «dinero fíat» que circulaba en las transacciones comerciales: pero pronto fue engordando, mediante operaciones bursátiles y especulativas, hasta duplicar, triplicar, cuadriplicar (y así hasta el infinito) el «dinero fíat» existente; a su condición voluble y quimérica suma otro rasgo fatal: cada vez que ese dinero imaginario se hace efectivo (o sea, cuando el especulador quiere «cobrar» el fruto de su especulación), detrae esa cantidad del «dinero fíat» circulante, con lo cual lo reduce cada vez más; o bien obliga a los gobiernos a «crear» más «dinero fíat» por decreto (o sea, a darle a la manivela de estampillar billetes), con lo cual su valor «su poder adquisitivo» cada vez es menor. Se puede mantener la ficción por más o menos tiempo, pero la ficción acaba dándose de morros con la realidad; y cuanto más se trata de mantener la ficción, más morrocotudo es el morrazo: pues la realidad es que ese dinero imaginario que se ha convertido en la piedra angular del sistema es «por parafrasear a Góngora» humo, polvo, sombra, nada

Trucos para ganar al comunio

Tras el sensacionalista titulo de este post, de "trucos para ganar al comunio" se esconde la oculta intención de llamar la atención de todo ávido fan de este juego online de fútbol. Fanáticos que celebran los goles de Kennedy, Rondón o Colotto como si fuesen los de su propio equipo.

No, no tengo ningún truco para ganar al comunio, pero he de reconocer que la web de un juego tan simple y absurdo es lo primero que abro cuando enciendo el ordenador por las mañanas. Y no son pocos los fines de semana en las que las conversaciones de mis amigos giran durante horas sobre traspasos, precios, alineaciones y defensas tiradores de penaltys.

El merito del creador de este juego es conseguir enganchar a más de un millón de jugadores que juegan entre si en algo más de cien mil ligas privadas. Un millón de jugadores, en su mayoría enganchados, yonkis del traspaso a primera hora de la mañana que entran y actualizan sus ofertas casi tan a menudo como entran al facebook.

Y todo con una web diseñada cutremente, como hecha en los 90. Sin imagenes, sin vídeos, cargada de publicidad. Y sin promoción alguna ni publicidad en los medios se ha comido, poco a poco todas las ligas fantásticas y concursos de medio pelo, cosidos con el mismo patrón, que tienen todos los periódicos deportivos.

¿Cuanto vale una buena idea? ¿Cuanto gana el creador de Comunio?

Segundos finales



Garbajosa, que ya no valia para el Madrid, hace un tapón y mete un triple. Prigioni, que no es tirador mete dos seguidos desde su casa. Y Mcintyre, a cuatro segundos, se cruza el campo y la clava.

Normal que el comentarista se vuelva loco

Eterno progreso

Lo lei apenas hace una semana y creo que viene un poco a cuento de la nueva limitación de velocidad. El texto es de Julio Cortázar.

«Los niños son por naturaleza desagradecidos, cosa comprensible puesto que no hacen más que imitar a sus amantes padres; así los de ahora vuelven de la escuela, aprietan un botón y se sientan a ver el teledrama del día, sin ocurrírseles pensar un solo instante en esa maravilla tecnológica que representa la televisión. Por eso no será inútil insistir ante los párvulos en la historia del progreso científico, aprovechando la primera ocasión favorable, digamos el paso de un estrepitoso avión a reacción, a fin de mostrar a los jóvenes los admirables resultados del esfuerzo humano.

El ejemplo del “jet” es una de las mejores pruebas. Cualquiera sabe, aun sin haber viajado en ellos, lo que representan los aviones modernos: velocidad, silencio en la cabina, estabilidad, radio de acción. Pero la ciencia es por antonomasia una búsqueda sin término, y los “jets” no han tardado en quedar atrás, superados por nuevas y más portentosas muestras del ingenio humano. Con todos sus adelantos, esos aviones tenían numerosas desventajas, hasta el día en que fueron sustituidos por los aviones de hélice. Esta conquista representó un importante progreso, pues al volar a poca velocidad y altura el piloto tenía mayores posibilidades de fijar el rumbo y de efectuar en buenas condiciones de seguridad las maniobras de despegue y aterrizaje. No obstante, los técnicos siguieron trabajando en busca de nuevos medios de comunicación aún más aventajados, y así dieron a conocer con breve intervalo dos descubrimientos capitales: nos referimos a los barcos de vapor y al ferrocarril. Por primera vez, y gracias a ellos, se logró la conquista extraordinaria de viajar al nivel del suelo, con el inapreciable margen de seguridad que ello representaba.

Sigamos paralelamente la evolución de estas técnicas, comenzando por la navegación marítima. El peligro de los incendios, tan frecuente en alta mar, incitó a los ingenieros a encontrar un sistema más seguro: así fueron naciendo la navegación a vela y más tarde (aunque la cronología no es segura) el remo como el medio más aventajado para propulsar las naves.

Este progreso era considerable, pero los naufragios se repetían de tiempo en tiempo por razones diversas, hasta que los adelantos técnicos proporcionaron un método seguro y perfeccionado para desplazarse en el agua. Nos referimos por supuesto a la natación, más allá de la cual no parece haber progreso posible, aunque desde luego la ciencia es pródiga en sorpresas.

Por lo que toca a los ferrocarriles, sus ventajas eran notorias con relación a los aviones, pero a su turno fueron superados por las diligencias, vehículos que no contaminaban el aire con el humo del petróleo o el carbón, y que permitían admirar las bellezas del paisaje y el vigor de los caballos de tiro. La bicicleta, medio de transporte altamente científico, se sitúa históricamente entre la diligencia y el ferrocarril, sin que pueda definirse exactamente el momento de su aparición. Se sabe en cambio, y ello constituye el último eslabón del progreso, que la incomodidad innegable de las diligencias aguzó el ingenio humano a tal punto que no tardó en inventarse un medio de viaje incomparable, el de andar a pie.

Peatones y nadadores constituyen así el coronamiento de la pirámide científica, como cabe comprobar en cualquier playa cuando se ve a los paseantes del malecón que a su vez observan complacidos las evoluciones de los bañistas. Quizá sea por eso que hay tanta gente en las playas, puesto que los progresos de la técnica, aunque ignorados por muchos niños, terminan siendo aclamados por la humanidad entera, sobre todo en la época de las vacaciones pagas»